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La “mafiocracia” española tiene origen ruso

Hace apenas unas horas me encontraba leyendo unas lineas. Daniel Estulin como siempre, magnífico, me hablaba en esas líneas de términos como “realpolitik” o mi preferido “mafiocracia”.

La verdad es que, en un primer momento me detuve a esbozar una sonrisa.

-Este hombre… ¡Qué cosas tiene!.

Posteriormente me volví a detener en la lectura, esta vez, para reflexionar.

El texto versaba concretamente sobre cómo el gobierno ruso de Yeltsin se había estructurado en forma de organización criminal estableciendo así una “nueva red de élite, los oligarcas, cuyas motivaciones eran conocidas de antemano”.

Esto ocurrió en los ’90, una década difícil para aquella Rusia desmembrada, dirigida por el alcohol y las bajas pretensiones. Es ahí, entonces, cuando el término “tecnología política” hizo mella en mi.

Estulin define este concepto como “la manipulación del individuo y el engaño a gran escala”. Para quienes nos dedicamos a estudiar la influencia de la propaganda en la población civil y las múltiples y diferentes formas de ejercerla, así como la incidencia real de la misma, estos términos cuanto menos, nos estimulan.disturbios rusia 1993

Pero ahí no quedaba la cosa, “manipulación, -se ejercía- tanto a través de los medios de comunicación como mediante un amplio abanico de engaños y sucios trucos durante las campañas electorales”. Un momento, ¿Continuamos en la Rusia de los ’90?

Es entonces cuando Jeffrey Sachs, reputado economista, entró en mi vida como elefante en una cacharrería y sin preguntar si quiera, colocó la versión soviética de la Doctrina del Shock sobre mi mesa y la denominó “Terapia del Choque” (en el nombre no fue todo lo original que se esperaba).

Este estadounidense doctorado en Harvard que habla sobre los rusos, afirma que “este plan diseñado daba poder a la tercera generación de descendientes de los primeros bolcheviques, al poner en sus manos los activos de las industrias estatales rusas más poderosas”. Algo así como “primero me putearon ellos, luego me putearon sus hijos y ahora me putean sus nietos”.

Y quién soy yo para contradecir a Sachs; hay que reconocerlo, de manipulación los estadounidenses saben un rato. No obstante, no contenta con la única explicación de Jeffrey recurro a otras fuentes y me topo de frente con Anne Williamson y Joseph Stiglitz.

El segundo de ellos conocido por sus numerosas intervenciones en los medios de comunicación en los últimos años, ocupó un puesto relevante como economista jefe del Banco Mundial. Por su parte Williamson, periodista fue, tal y como explica Estulin, “durante muchos años especialista en los asuntos de la Rusia Soviética” llegando a testificar ante el Comité de Banca y Servicios Financieros del Congreso de Estados Unidos contra la trama de corrupción de la clase política rusa.

Estos dos atrevidos individuos me obligaron inevitablemente a detenerme de nuevo. Puede que fuera la contundencia de sus argumentos o quizá lo familiar que me resultaban estos. Según ambos expertos, el plan de préstamos por acciones de Rusia (tema complejo en el que no entraré ahora) fue en realidad “diseñado con la intención de entregar esas empresas al selecto grupo de información privilegiada al que se permitió participar y que, desde el principio el gobierno no tenía intención, ni era capaz de reembolsar los préstamos”. 1305663509625

Y yo me vuelvo a preguntar ¿Continuamos en Rusia?

Cómo puede ser posible que toda esta estrategia digna y merecedora de unos cuantos premios de cine, me resulte tan sumamente familiar.

Orquestación propagandística, mezquindad y robo a mano armada. Cómo es posible que Yeltsin, aquel borracho al frente del Soviet, la clave de la decandencia de la Rusia de los ’90 y la excusa perfecta de la administración Clinton para efectuar cualquier movimiento en el escenario internacional, destruyera un país cuyas prácticas criticadas y juzgadas son, hoy, el día a día de nuestra propia sociedad de masas.

Cómo es posible que aquella Rusia hundida, mísere y hambrienta; víctima de una oligarquía vulgar y corrupta me lleve de nuevo a casa.

La desinformación como estrategia de propaganda en la guerra

Aquí os dejo este vídeo, del que por supuesto no se han hecho eco los medios de comunicación occidentales. En él se analiza lo realmente ocurrido en #Syria durante la supuesta matanza con gas sarín en la región de Al Goutha que hubiera tenido lugar el pasado 21 de agosto.

La guerra parece inminente y con vientos que rememoran situaciones pasadas, -me remonto a Kosovo y la intervención internacional de la OTAN en el país sin la aprobación de la ONU y amparándose en un supuesto caso de “injerencia humanitaria”– Siria se ha convertido en el terreno perfecto para el estallido de un conflicto entre dos mundos completamente diferentes.

Da miedo pensar que todo está ya decidido, que tan sólo es cuestión de tiempo saber quién será el primero en atacar.

LA VERDAD DETRAS DE SIRIA

Aquí os dejo este documental, que no tiene ningún desperdicio y que explica exactamente cuál es la situación en la guerra de Siria y cómo las potencias internacionales colaboran a avivar una guerra en la que los medios de comunicación y el poder exterior son todo uno.

TERCERA GUERRA MUNDIAL: LA VERDAD DETRAS DE SIRIA

Tras diez años de contienda: Iraq, ¿Dónde nos situamos?

Tras diez años de contienda, de lucha, de enfrentamientos armados. Tras diez años de superación, de pérdidas, de víctimas y de un desesperado grito de ayuda, Iraq amanece en el décimo aniversario de la invasión estadounidense con la peor de las noticias, una cadena de atentados, hasta 15, dejan entorno a 60 muertos, según informa Reuters y hasta 65, según la televisión iraquí, en las calles de una devastada Bagdag.

Los barrios chiíes siguen siendo los más castigados por una política, heredera del suní Sadam Hussein, que pretende avivar viejos resententimientos, aún no sofocados por el paso del tiempo. nia_iraqui3918-2_p

Rechina el nombre de Al Qaeda como posible organización autora de la masacre, sin embargo, poco importa ya a las familias de esos hijos e hijas de Iraq quien les haya arrebatado la vida. Los atentados, no obstante, ponen de relieve la grave situación de un país que lleva intervenido 10 años, sin mejoría alguna.

Guerras sectarias tienen lugar cada día en los barrios, la mayoría de ellos marginales, donde habita la población árabe chií. Los líderes políticos, así como los portavoces internacionales no han sabido dar respuesta al deterioro que, desde hace una década sufre El Estado de Iraq, que cada día es más frágil y que cada día cree menos en las promesas, las falsas promesas de paz que hombres trajeados, engominados, occidentales, les proponen.

El problema se llama étnia, el problema lo sufren cada día los niños suníes, los niños chíies o los niños kurdos que viven ensangrentados enfrentamientos no aptos para personas con un mínimo de sentido común. El problema se llama comunidad internacional y oídos sordos, el problema se llama “miren a otro lado hasta que se maten”, el problema se llama petróleo, recursos, economía, fuerzas armadas o de paz, me da igual.

El problema al fin y al cabo ignora a las madres que lloran a sus hijos, y a los hijos que lloran a sus padres, hermanos, hermanas, tíos, tías….

irak-guerraNo hablaré de políticos ni de elecciones, no hablaré de leyes, de simpatizantes de antiguos regímenes, no hablaré de tropas de ni las banderas negras del Estado Islámico de Iraq (también llamado Al Qaeda). Simplemente hablaré del peligro que corre un estado, una sociedad y unos ciudadanos, dejados de la mano de un Dios, al que cada vez radicalizan más unos y esperan otros, si desde Occidente, desde la Comunidad Internacional y desde la ciudadanía global se permite que el conflicto que enmarca a un país que lleva más de 10 años en guerra, vuelva a encender su mecha al hablar de “la línea de frente de la rivalidad sectaria en la región”.

El peligro, real, que corren niños y niñas que luchan por sobrevivir cada día, cada hora y cada minuto bajo las directrices de una guerra que no les compete.

Si vivimos en un mundo globalizado, y somos ciudadanos del mundo, como nos hacen creer, tomemos entonces partido también en las decisiones políticas y militares que en este degradado mundo tienen consecuencias devastadoras para con nuestros vecinos, para con nuestra infancia, para con nuestro futuro.

“Un Irak dominado por los chiíes proiraníes se percibe tan peligroso como un Irak dirigido por el suní Sadam Husein”, Hassan Hassan, analista del diario emiratí The National.

La nueva democracia

Muchos quizá conciban la actual situación del denominado “Mundo Árabe” como un latigazo a Occidente, como una respuesta inaudita e imprevisible en un universo que ya está de por sí lleno de contrastes.

Comprender a la sociedad árabe nunca resulto fácil para quienes nacimos bajo la sombra del capitalismo, sin embargo, ahora, los mismos que criticamos la decrepitud y el desfase cultural y social de una sociedad ni mejor ni peor, simplemente diferente, somos los que contemplamos atónitos la revueltas que a lo largo de este 2011 se están produciendo en la franja de Magreb y Oriente Medio.

Repetidas concentraciones y protestas que ponen de manifiesto el progreso de la humanidad galopando hacia mayores cotas de libertad y justicia. La conquista de los Derechos Humanos, la reafirmación de la soberanía del pueblo, y la ruptura con las tradiciones pasadas, que imponían un respeto basado en el miedo y no en unos valores humanos y dignos.

Desde el Atlántico al Golfo Pérsico, el mundo árabe se ha convertido en un ejemplo que desde una perspectiva cultural, religiosa o política diferente marca unos mismos los objetivos, metas, las mismas en cualquier parte del mundo, la reiteración de la libertad por encima de los estados.

Un mundo complejo y plural que como señala Eugene Rogan, profesor de Historia Moderna de Oriente Medio en la Universidad de Oxford, se convierte en un “universo que sorprende por la existencia de profundos elementos de identidad común. No solo relacionados con la historia, la lengua, la cultura o la religión, sino de palpitante actualidad”.

Podríamos hablar de occidentalización, aunque particularmente, yo hablaría de rejuvenecimiento de la sociedad árabe.
Son los jóvenes quienes basándose en unos mayores conocimientos en lo que respecta a libertades y derechos fundamentales, mayor accesibilidad a los medios informativos (en la mayor parte de los países censurados), y unos valores democráticos más consolidados, han decidido llevar a cabo una serie de revueltas que están ocasionando una revolución histórica y social sin precedentes en el mundo contemporáneo.

Occidente ya no es ese gran gigante adelantado y consolidado. Las grandes potencias quedan en tela de juicio a la par que Internet se afianza como el nuevo eje, el líder de quienes luchan por una sociedad más justa.

Las grandes dictaduras caen, los grandes dictadores con ellas, y desde el capitalismo atacamos a quienes en su día ensalzamos. El mundo está en constante cambio, en continuo progreso, los estados no pueden permitirse el lujo de quedarse contemplando.

Sin embargo, esta vez hay una diferencia, no son los ejércitos quienes toman las calles, sino los ciudadanos. Puede que no vayan cargados con armas de última generación, puede que no estén tan bien formados y organizados como cualquier servicio militar profesional pero lo que sí es cierto es que, la voluntad, la ira, el rechazo y el ansia de progreso están logrando derrocar a quienes en el pasado se engrandecieron como líderes políticos e incluso espirituales de una sociedad débil y azotada.

Hoy, son ellos los azotados. Hoy es la soberanía nacional quien toma el relevo.

Haití contra reloj

Haití, que vivió una de las catástrofes naturales más bestiales de la historia, es hoy un mero recuerdo entre las páginas de los periódicos, que a veces, en un acto de intentar que no se olvide la tragedia, realizan alguna crónica relatando cómo se vive día a día en el infierno.

Sin embargo, eso no es suficiente. Destrozado, por el seísmo que azotó el país el 12 de Enero, y que tuvo considerables réplicas posteriormente, el país se enfrenta a duras epidemias, miles de desalojados, conflictos entre bandas, tráfico y fuertes lluvias que no tardarán en asolar, más si cabe, lo poco que queda en pie. A todo esto, se suma por su puesto, el peligro de un estallido social originado por la negativa de miles de personas a abandonar la capital y los edificios en ruinas para desplazarse a campamentos de refugiados ( a 20 kilómetros) donde seguro, la posibilidad de encontrar un empleo se ve reducida a cero.

Mientras tanto, trescientos inodoros y veinticuatro duchas es lo que René Préval, presidente de Haití, ha podido conseguir para su pueblo. Con la colaboración de organizaciones no gubernamentales como UNICEF, o Minustah, Préval (que seguro si cuenta con inodoro propio) intenta mejorar la calidad de vida en los campamentos, pero nada parece ser suficiente. Canalizaciones rápidas, para intentar prevenir las inundaciones, que ya se prevé arrasen la mayor parte de los campamentos, deshidrataciones diarias, medicinas que nunca llegan, vacunas escasas y hasta ocho clases de insectos que propagan enfermedades se ha convertido en la cotidianeidad para miles de personas.

Pero, el infierno también parece entender de clases y según comenta el diario “Público”, “son cinco grupos con sueños comunes y pesadillas distintas” y es que el país, se encuentra dividido entre quienes siguen habitando en sus lujosas casas creyendo que el seísmo ha sido una invención de “esos pobres” para conseguir ayudas, hasta quienes diariamente se han acostumbrado a convivir con la muerte, otro inquilino más…

El olvido, es el mayor de los crímenes que podemos combatir en Haití.